martes, 12 de mayo de 2015

Nuevo Tratado Séptimo


Seguí buscando mi siguiente amo y, esta vez, acerté. Él se llamaba Cristian. Nació en una casa humilde del barrio de Bronx en Nueva York. Su familia y él habían vivido  del pequeño comercio en el que su padre trabajaba. El dinero que ganaban lo utilizaban para alimentarse y para pagar los gastos de la casa.  Si acaso les sobraba algo, sus padres lo guardaban con mucha cautela para cuando llegara la hora de que Cristian tuviera que estudiar. Sus padres habían hecho el esfuerzo de guardar algo de dinero porque tenían la esperanza de que su hijo les sacara de la pobreza con un buen oficio. Él aprovechó la oportunidad que tanto les costó a sus padres darle, se esforzó al máximo y logró hacerse con riqueza y con poder.

Cristian había ido a la universidad con la idea de llegar a formarse intelectualmente para ser capaz de dirigir una empresa que le llevase a la fama y para tener un buen sueldo para él y su familia. Cada día se esforzaba más, aunque le costaba integrarse ya que los demás estudiantes procedían de familias importantes y ricas mientras que él no. Le solían decir que cómo podía estar  en esa universidad tan cara mientras sus padres se morían de hambre. Cristian sufrió mucho y estuvo a punto de dejarlo y de volverse con sus padres a trabajar en el comercio familiar, pero pensó que si hacía eso ellos saldrían ganando y conseguirían lo que tanto esperaban: que Cristian dejara la universidad y se volviera con sus padres al pequeño comercio que no les daría para mucho. Así que Cristian continuó estudiando, se hizo más fuerte día a día y esto fue solo un bache en el camino que le ayudó a hacerse valer por sí mismo y nunca dudar de su capacidad.

Yo conocí a Cristian una vez que él ya  había comenzado con su empresa, dedicada a la publicidad. Pensé que sería un buen trabajo para mí, ya que se asocia a mis cualidades y sería interesante. Además, necesitaba el dinero ya que pronto me casaría. Me presenté al puesto de trabajo con toda la ilusión y  la esperanza de ser elegido aunque, siendo realista, sabía que sería muy difícil ya que se presentarían muchas personas muy cualificadas y yo no tendría muchas posibilidades. Llegó mi turno de entrar y presentarme ante Cristian. Empecé a contarle todas las cualidades que podría aportar a puesto de trabajo. Por el aspecto que tenía, no le veía muy convencido. Por un momento pensé que se habían acabado las posibilidades de ocupar ese puesto, así que decidí utilizar mi última baza: contar mi historia.

Le conté que necesitaba el puesto de trabajo porque tenía la expectativa de casarme pronto y así poder mantener a la familia. También le conté la dura vida que había pasado durante mi infancia, pues mi padre biológico había estado en la cárcel y mi madre había ejercido  de ama de casa y había tenido que cuidar de mi hermano pequeño, que había tenido con otro hombre, y de mí. Le conté también que me había pasado casi toda mi infancia dando vueltas en busca de amo en amo, por lo que había pasado mucha hambre y fatiga y, en algunos momentos, por culpa de algunos de mis amos, incluso dolor a causa de algunas heridas. Con perseverancia y astucia, algunos días había logrado hacerme con algunas migas de pan que llevarme a la boca. Me fijé en la cara de Cristian y me preocupé porque no sabía si había hecho lo correcto al contarle mi vida, ya que mostraba un rostro de asombro. Entonces procedí a preguntarle:
- ¿Está usted bien?
-Sí- me respondió. Tras un breve silencio, continuó diciendo: - me he quedado asombrado del parecido de nuestras vidas - y, a continuación, procedió a contarme su vida. Así, pues, relató la similitudes que existían entre nuestras vidas. Dijo que nos parecíamos ya que los dos habíamos sufrido muchas penurias por culpa de la pobreza y muchos duros baches en la vida, pero que, a pesar de eso, ambos seguimos adelante y nos hicimos más fuertes. En ese instante me sentí impresionado: la idea de contarle mi vida había sido perfecta, ya que Cristian se había sentido reflejado en mí y, por esto,  me concedió el puesto de trabajo.

A partir de ese momento me convertí en su mano derecha.

No hay comentarios:

Publicar un comentario